miércoles, 21 de octubre de 2015


EL PLANETA VIVIENTE

           Hace aproximadamente un mil millones de años después de haberse calmado los grandes cataclismos y los fenómenos atmosféricos que contribuyeron a que nuestro planeta se formará, se encontraba ocupado por una forma de meta-vida que empezó un proceso prolongado de transformación para poder ser parte de algo mas grande con el cual compartía su existencia. Igual a las colonias de las diferentes células que constituyen el organismo de los seres vivos, la diversidad de vida que existe y forma parte de la Tierra contribuye integralmente a producir y sostener las condiciones óptimas para el crecimiento y prosperidad de ellos mismo y del planeta en general.

       Por eso la misma composición de la atmósfera, mares, y la corteza terrestre es el resultado de intervenciones radicales llevadas a cabo por la Tierra misma a través  de la evolución de las diferentes especies vivientes que en ella conviven y que coexisten en innumerables ecosistemas.

            La vida que tiene nuestro planeta se puede apreciar incluso desde el espacio exterior, las imágenes que son tomadas por los satélites nos dicen que si un extraterrestre observase desde la lejanía en el infinito a esta gran esfera azul inmediatamente sabría que es un planeta con vida. 

          Esta visión fue la que hizo que es un científico independiente, escritor, inventor y ambientalista de nombre James Lovelock después de haber trabajado en el programa espacial de la NASA durante los años 60, expusiera en 1.979 en su libro las Edades de Gaya, el planteamiento de que la Tierra no era tanto un planeta adornado con formas de vida diversas, pero si era un planeta en permanente cambio y transformación por autoevolución y autorregulado por sistemas vivientes.

            Esta actividad natural del planeta fue lo que le permitió calificarlo como un ser viviente, un superorganismo de proporciones planetarias, que comprende la Tierra física y todos los organismos vivos que la pueblan, y que es capaz de autorregularse y de manifestar muchas de las características propias de un ser vivo. Gaya, el nombre con que los griegos bautizaron a la diosa de la Tierra, fue el escogido por Lovelock, quizás con la intención de crear un nexo de identificación maternal entre el planeta viviente y los que lo poblamos.

"El Nombre del Planeta Viviente”, Gaya, no es un sinónimo para la biosfera que es la parte de la Tierra donde normalmente existe la vida. Todavía menos es Gaya igual que la biota que simplemente es la colección de todos los organismos vivientes individuales, se podría decir que es algo que va mucho mas allá, la biota y la biosfera forman parte de Gaya pero no en su totalidad. Así como la concha es parte del caracol,  son las piedras, el aire, y los océanos parte de Gaya; es como un ser planetario total, que tiene propiedades que no son necesariamente discernibles por él, sólo por especies individuales inteligentes o poblaciones de organismos que viven juntas.

            La hipótesis Gaya dice: que la atmósfera, los océanos, el clima y la corteza terrestre están influidos, regulados y mantenidos, en un estado adecuado de equilibrio para la vida llamado homeostasis y que es producido por la acción misma de los organismos vivos. Así pues, estos últimos no serían simples pasajeros, obligados a adaptarse con grandes esfuerzos a condiciones ambientales cambiantes y la mayoría de las veces hostiles, sino que habrían sido, desde su aparición hace más de 3500 millones de años, protagonistas de la evolución planetaria, capaces de modificar la composición atmosférica, el clima, la salinidad de los océanos, el ciclo del agua y de las sustancias nutritivas y, tal vez incluso, la evolución geológica.
  
Para muchos resulta difícil entender el hecho que algo tan grande y aparentemente inanimado como la Tierra este vivo. Todos fuimos educados en la concepción de que la Tierra es totalmente de Magma, incandescente y caliente, que la vida solamente se encuentra en la biosfera y fuera de la misma es imposible que exista.

Sin embargo el mas vivo ejemplo de la hipótesis Gaya, es el ser humano; internamente en nuestro cuerpo existe un mundo el cual esta organizado de manera que nos permite mantenernos vivo, por ejemplo: Mientras las células en nuestra sangre crecen y se reproducen, realizando las diferentes funciones que mantienen con vida al cuerpo, nosotros lo estamos usando y ni por nuestra mente pasa lo que alguna célula puede estar haciendo en nuestro beneficio y solo nos acordamos de ella cuando las vemos en una imagen en un texto de ciencia.


Aquéllos que nos consideramos involucrados de algún modo en el amanecer de una nueva edad, debemos descubrir también a Gaya. A entender el hecho de que si dañamos nuestro planeta nos estamos dañando a nosotros mismos y que no sabemos en que momento Gaya nos va a reclamar el daño que le estamos haciendo.

La idea de la existencia de un ser como Gaya puede facilitar la tarea de convertir actividades humanas destructivas a conductas constructivas y cooperativas, que irían en beneficio del ambiente, la humanidad y el planeta.

Ivan E. Lezama C.


                                                                                                                                                                                                                 


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